Actualmente los trastornos psicológicos están de moda, igual que lo pueda estar Internet, viajar, salir en televisión a costa de hacer el ridículo o divorciarse. El trastorno psicológico se puede presentar en forma de: obsesión, compulsión, depresión, ansiedad, bulimia, anorexia, manía, trastorno antisocial y adicción principalmente, sin desestimar la esquizofrenia en sus diferentes facetas.
No se si antes el número de afectados era mayor, menor o igual porque las estadísticas no son claras (antiguamente no había tanta obsesión por los números y rankings como ahora), pero lo que está claro es que ahora nadie se esconde de padecer un trastorno psicológico y en proclamar a los cuatro vientos que está haciendo lo posible para solucionarlo.
Todo el mundo ha ido alguna vez a un psicólogo o psiquiatra, o a sucedáneos de estos, como pueden ser los adivinos, tarotistas o magos. ¿Quien no ha usado al médico de cabecera, peluquero o entrenador personal como psicólogo? Incluso en el servicio de urgencias muchos motivos de consulta por problemas físicos (dolores abdominales, cefaleas o dolor en el pecho) esconden un trasfondo psicológico que mejora por el mero hecho de ser escuchado.
Choca que en una sociedad como la actual, donde la libertad de expresión está a la orden del día y donde la posibilidad de comunicarte con otras personas sea tan variada ( en el trabajo, en los bares, en casa, por Internet, a través de periódicos, etc.), sea tan difícil expresar lo que sentimos. Esta falta de exteriorización de nuestras angustias se va acumulando en nuestro inconsciente y acaba aflorando en forma de trastorno psicológico.
¿Pero que podemos esperar de una sociedad como la que tenemos actualmente? Se nos pide ser personas 10. Debes estudiar una (o más) carreras universitarias o al menos tener una profesión de Pro. Es una obligación ganar mucho dinero y ahorrar, pero manteniendo un nivel de vida cómodo que permita ciertos caprichos (hogares de cine, viajes maravillosos, ropa de calidad, cenas con los amigos…). Se nos pide que acertemos a la hora de tener amigos ( no debemos mezclarnos con impresentables). Debemos encontrar, conseguir y mantener parejas afectivas perfectas, que nos quieran, que estén bien situadas, que tengan dinero y si pueden ser agradables conductualmente hablando y estar físicamente como un tren mejor. Hay que casarse antes de que se te pase el arroz y tener los hijos correspondientes. Educar a estos hijos maravillosamente mientras trabajas cada día y cumples en el hogar, y encima hacerlo de mil amores, sin sufrir agotamiento, sin estar de mal humor y manteniendo un aspecto inmejorable.
No se si antes el número de afectados era mayor, menor o igual porque las estadísticas no son claras (antiguamente no había tanta obsesión por los números y rankings como ahora), pero lo que está claro es que ahora nadie se esconde de padecer un trastorno psicológico y en proclamar a los cuatro vientos que está haciendo lo posible para solucionarlo.
Todo el mundo ha ido alguna vez a un psicólogo o psiquiatra, o a sucedáneos de estos, como pueden ser los adivinos, tarotistas o magos. ¿Quien no ha usado al médico de cabecera, peluquero o entrenador personal como psicólogo? Incluso en el servicio de urgencias muchos motivos de consulta por problemas físicos (dolores abdominales, cefaleas o dolor en el pecho) esconden un trasfondo psicológico que mejora por el mero hecho de ser escuchado.
Choca que en una sociedad como la actual, donde la libertad de expresión está a la orden del día y donde la posibilidad de comunicarte con otras personas sea tan variada ( en el trabajo, en los bares, en casa, por Internet, a través de periódicos, etc.), sea tan difícil expresar lo que sentimos. Esta falta de exteriorización de nuestras angustias se va acumulando en nuestro inconsciente y acaba aflorando en forma de trastorno psicológico.
¿Pero que podemos esperar de una sociedad como la que tenemos actualmente? Se nos pide ser personas 10. Debes estudiar una (o más) carreras universitarias o al menos tener una profesión de Pro. Es una obligación ganar mucho dinero y ahorrar, pero manteniendo un nivel de vida cómodo que permita ciertos caprichos (hogares de cine, viajes maravillosos, ropa de calidad, cenas con los amigos…). Se nos pide que acertemos a la hora de tener amigos ( no debemos mezclarnos con impresentables). Debemos encontrar, conseguir y mantener parejas afectivas perfectas, que nos quieran, que estén bien situadas, que tengan dinero y si pueden ser agradables conductualmente hablando y estar físicamente como un tren mejor. Hay que casarse antes de que se te pase el arroz y tener los hijos correspondientes. Educar a estos hijos maravillosamente mientras trabajas cada día y cumples en el hogar, y encima hacerlo de mil amores, sin sufrir agotamiento, sin estar de mal humor y manteniendo un aspecto inmejorable.
¡SEÑORES, toquen con los pies el suelo! La persona 10 no existe. Los trastornos psicológicos surgen cuando ves que no llegas allí donde deberías llegar y cuando encima, tu alrededor social y familiar, te obsequia con frases como:”Esa chica si que es lista, mira que marido ha cazado”, “Uf, ¿ya tienes 35 años y no estás casada?, se te va a pasar el arroz!”,”tus amigos son unos impresentables , no tienes ni idea a la hora de escoger, te toman el pelo”, “siempre has tenido mal gusto eligiendo tus parejas; eres muy liso para los estudios pero para lo otro eres un tonto”. ¿Por qué hay que seguir los standards marcados por esta sociedad que está demostrando día a día que está equivocada? No cuenta todo lo que has conseguido, si no aquello que aún no has llegado a alcanzar. Esta persecución de objetivos sucesivos no acaba nunca. Siempre hay un paso posterior y superior para afrontar.
Por si no fuera poco el estrés que todo esto puede provocar, aparece un nuevo hándicap: la comparación con el vecino de enfrente o con el personaje famosillo que sale en televisión. Sólo nos fijamos en las apariencias y por lo tanto, parece que la fachada ajena es mejor que nuestro interior. Ver a las modelos maravillosas y radiantes en las revistas, envueltas de bonitos trajes, saliendo con ricos herederos y pasando unas maravillosas vacaciones en el Caribe nos hace creer que han triunfado. Es así como aparece la anorexia o la bulimia, para conseguir el cuerpo 10 que nos ayudará a triunfar. Ver que hay personas que ganan mucha pasta sin trabajar, cuando nosotros no paramos en todo el día, nos hace sentir como imbéciles y así aparece la frustración en forma de depresión, adicción o manía. Ver que en el trabajo sólo asciende aquel que se vende mejor y que sólo cuenta el enchufismo y la superficialidad nos hace sentir como un trapo sucio y comporta que aparezcan conductas obsesivas compulsivas o ansiedades … y podría seguir poniendo mil ejemplos más.
Los valores de la sociedad deberían cambiar desde la familia, los medios de comunicación y la escuela. Hay que presentar como triunfadores a aquellas personas que hacen bien las cosas, con su trabajo y esfuerzo y que piensan en los demás; y olvidarnos de toreros chupópteros, políticos corruptos que nunca son pillados plenamente in fraganti, artistas famosos por sus líos de faldas o personas anónimas que buscan su momento de gloria gracias a hacer estupideces en la pequeña pantalla o vender su intimidad a un precio innombrable.
Por si no fuera poco el estrés que todo esto puede provocar, aparece un nuevo hándicap: la comparación con el vecino de enfrente o con el personaje famosillo que sale en televisión. Sólo nos fijamos en las apariencias y por lo tanto, parece que la fachada ajena es mejor que nuestro interior. Ver a las modelos maravillosas y radiantes en las revistas, envueltas de bonitos trajes, saliendo con ricos herederos y pasando unas maravillosas vacaciones en el Caribe nos hace creer que han triunfado. Es así como aparece la anorexia o la bulimia, para conseguir el cuerpo 10 que nos ayudará a triunfar. Ver que hay personas que ganan mucha pasta sin trabajar, cuando nosotros no paramos en todo el día, nos hace sentir como imbéciles y así aparece la frustración en forma de depresión, adicción o manía. Ver que en el trabajo sólo asciende aquel que se vende mejor y que sólo cuenta el enchufismo y la superficialidad nos hace sentir como un trapo sucio y comporta que aparezcan conductas obsesivas compulsivas o ansiedades … y podría seguir poniendo mil ejemplos más.
Los valores de la sociedad deberían cambiar desde la familia, los medios de comunicación y la escuela. Hay que presentar como triunfadores a aquellas personas que hacen bien las cosas, con su trabajo y esfuerzo y que piensan en los demás; y olvidarnos de toreros chupópteros, políticos corruptos que nunca son pillados plenamente in fraganti, artistas famosos por sus líos de faldas o personas anónimas que buscan su momento de gloria gracias a hacer estupideces en la pequeña pantalla o vender su intimidad a un precio innombrable.
Conclusión: estamos ante una epidemia de difícil control porque a nadie le interesa poner le freno. El dinero es el dinero y la política también. El poder es sólo de unos pocos que usan al resto de los ciudadanos del mundo como marionetas . Pero este es un tema del que hablaré en otro momento.
Gemma